domingo, 18 de mayo de 2014

Embalse de Bolarque I


Siguiendo con los pantanos que tenemos para palear en las cercanías de Madrid, hoy me voy a detener en un tesoro que podemos encontrar en la provincia de Guadalajara. Hablo del pantano de Bolarque, que viene a ser un tramo de río embalsado surtido por las presas del Tajo (embalse de Entrepeñas) y el Guadiela (embalse de Buendía). Si estas 2 presas le aportan el caudal al Bolarque, éste a su vez vierte sus aguas al curso inferior del Tajo por la presa del Salto de Bolarque, una instalación hidroeléctrica que se inauguró a principios del siglo XX. La mayor parte de su recorrido el pantano va encajonado entre las paredes verticales de la sierra de Altomira, formando un paisaje notable.

Voy a hacer un pequeño recorrido por los abundantes rincones que ofrece el Bolarque al visitante, ilustrando el repaso con fotos que he ido tomando en varias rutas. Si os gusta el sitio y queréis visitarlo no olvidéis que se trata de un entorno natural fantástico pero muy sensible, así que procurad que vuestra presencia allí sea totalmente transparente para que el paraje siga igual de bello por muchos años. Otro tema muy a tener en cuenta, si no queremos ser multados, es que hay que contar con los permisos oportunos para navegar en estas aguas

Lo primero el embarque. Al Bolarque podemos entrar con nuestros kayak por varias zonas, yo en las últimas visitas he elegido siempre el embarcadero del Club Náutico que está en el vértice sur de la V que dibuja el embalse.


La zona está bastante transitada en verano, el resto del año muy tranquila. Hace ya bastantes años empezaron a construir un hotel al lado, pero ahora está abandonado. Supongo que se paró la obra por algún tema de permisos.


Desde el embarcadero podemos remontar hacia ambos lados de la V. Si tiramos por la derecha avanzaremos hacia la presa del pantano de Buendía. En este tramo encontramos al poco de salir una ramificación provocada por el arroyo Jabalera. En este brazo hay una zona de playa con chiringuito y si apuramos hasta el final se va reduciendo el cauce hasta que la maleza impide continuar por el estrecho curso del arroyo.


Un par de curvas antes podemos encontrar una cuevecita.





Retomando el camino donde lo dejamos hay un trecho espectacular hasta llegar a la Ermita de los Desamparados.



La ermita está excavada en la pared rocosa y se puede alcanzar también por un camino de tierra. En verano hay un barco turístico que llega hasta aquí.


En el mes de septiembre se celebra la romería de la Virgen de los Desamparados, y bajan la imagen de la virgen hasta la ermita.


 Más allá nos vamos acercando a la presa de Buendía, vamos a pasar un puente y el río se estrecha considerablemente.


La gente viene a escalar por esta zona



En breve subiré otra entrada con el recorrido por la parte opuesta del embalse, que no tiene desperdicio. Para cerrar esta primera entrada de Bolarque dejo un vídeo de la última ruta que hicimos por aquí hace muy poquito, a primeros de Mayo.




domingo, 6 de abril de 2014

Embalse del Atazar, Madrid (38 km, Febrero 2014)


El pasado febrero estuve haciendo una ruta de fin de semana por el embalse del Atazar. Es uno de los sitios a los que suelo ir a remar para salidas de un día, pero por su extensión puedes echar allí también un par de jornadas sin problema. Además este año ha subido su nivel de agua respecto a los 2 anteriores, lo que sin duda mejora el panorama.

Que yo conozca ha dos zonas para embarcar: Cervera de Buitrago (embarcadero y playas) y El Berrueco (playas pero con peor acceso).  Mi ruta consistió en salir de Cervera dirección al río Riato y remontarlo hasta donde fue posible, hacer noche por allí, y al día siguiente vuelta a Cervera.


Justo cuando empecé con el montaje se cubrió el cielo completamente y empezó a lloviznar. 


Aunque paró la lluvia el cielo no se despejó en toda la mañana.


Llegando al Riato el cauce se estrechaba cada vez más.


Hasta que ya me fue imposible continuar por la corriente en contra.


Así que subí el kayak a la orilla, comí, organicé las cosas para montar luego el campamento, y continué a pie mi ruta por el margen del río.


A última hora salió el sol.




Ya de vuelta, hablé un rato con un par de chicos que andaban pescando por allí y ya oscureciendo monté la tienda. La noche fue realmente fría, y al amanecer el hielo cubría mi kayak, la tienda y prácticamente todo a mi alrededor.


La tienda aguantó como pudo la fuerte helada
Afortunadamente el día estaba muy despejado y el sol empezó a calentar nada más asomar. Eso me fue bien para que mis cosas y yo mismo nos desheláramos y fuéramos entrando en calor.

El kayak se "descongeló" al sol mientras yo recogía el campamento
De regreso hacía Cervera recorrí varios pequeñas colas del pantano en las que vertían los arroyos su agua al embalse. También me acerqué a la presa del Atazar lo justo para echar una foto. No pude seguir avanzando ya que está prohibido navegar a menos de 1 kilómetro de distancia y la presa tiene cámaras de vigilancia (y ojo porque si te acercas empiezan a hacer sonar la sirena desde el puesto de control de la presa)




Enfilando hacia el norte se veían las sierras nevadas a lo lejos.



Sobre la hora de comer estaba ya en Cervera, así que después de guardarlo todo, paré en el Berrueco a comer con Alex que había venido a recogerme. Un estupendo guiso de carne de jabalí sirvió de magnífico colofón a un buen fin de semana.

He abierto un canal para subir algunos vídeos de las rutas que vaya haciendo. Aquí está el primero con unas cuantas vistas del Atazar. Para poder verlo en HD hay que pinchar el enlace a Vimeo.

jueves, 20 de febrero de 2014

Parte II Travesía Costa de Murcia, desde Santiago de la Ribera hasta Águilas (132 km, Octubre 2013)

  Días 4-6, de Calblanque a Águilas


Efectivamente el nuevo día amaneció con el mar en completa calma, aunque con el cielo nublado. Había perdido ya una jornada por culpa del tiempo y no podía despistarme si quería llegar a Águilas en el plazo marcado, así que no tardé en recoger y echarme al agua. Las primeras horas de paleo, hasta llegar a Cartagena permaneció el día brumoso. De mi punto de salida a Portman se sucedieron los acantilados y las pequeñas calas desiertas.



A partir del Gorguel, que está al poco de pasar Portman, me pareció algo menos vistoso el paisaje, aunque probablemente contribuyó a ello la fatiga que empecé a notar justo en ese tramo. Pasada la isla Escombreras hice un recto a buen ritmo para cruzar la bahía de Cartagena, donde la presencia de grandes buques intimida un poco. Ya era la hora de almorzar, así que paré en una playa de cantos y lo primero que hice fue darme un baño, que ya estaba el cielo despejado y el sol calentaba lo suficiente. Como había tenido la suerte de sacar una caballa a primera hora de la mañana, tocó comer pescado a la plancha otra vez.


El baño, la comida y la pequeña siesta de después me sentaron de lujo, y la fatiga que me había hecho sufrir un poco antes del almuerzo desapareció totalmente. A partir de aquí entraba ya en el territorio del Parque del Cabo Tiñoso, que la anterior ocasión que había paleado esta ruta no pude visitar con detenimiento. Antes llegar a El Portús las montañas se elevaban ante mí impresionantes.



Y pasada esta población seguí recorriendo con admiración y detenimiento cada entrada y salida del mar en la roca, una verdadera gozada. Algo antes, al poco de pasar la playa de Fatares en una zona con muy poco calado, no me dio tiempo a recoger del todo la linea y al terminar de sacarla me encontré que había picado este curioso pez. No tengo mucha idea de qué especie podría ser la verdad, pero no parecía muy apetitoso, así que fue de vuelta al agua inmediatamente.


Como antes de anochecer iba a ser imposible que me diera tiempo a pasar Cabo Tiñoso, decidí parar para acampar en Cala Aguilar.


La playa me pareció un lugar paradisíaco. Aproveché los últimos instantes de luz para bañarme de nuevo, andar un poco por los alrededores, y preparar las cosas para cenar y dormir. También hice varios fotos.



La luz se apagaba
Cabo Tiñoso al fondo
A la mañana siguiente el sol del amanecer teñía el cielo de varias tonalidades. Otra vez parecía que el tiempo iba a acompañarme y lo celebré con un buen desayuno. 



Hasta Cabo Tiñoso la navegación volvió a ser una gozada, montañas, cuevas, calas..., y al volver la vista atrás la costa que dejaba a mi espalda y que me invitaba a desandar el camino recorrido para visitar de nuevo tanta maravilla. Lo hubiera hecho sin dudarlo, pero aún tenía trecho por delante y el tiempo justo para terminarlo.



Doblado el Cabo Tiñoso el panorama resultó abrumador, los acantilados se levantaban salvajes e imponentes y el agua era de un azul profundo, intenso y cautivador.


Pasé en dos ocasiones por el Arco, pues una me pareció poco.


Y llegué a Cala Cerrada, donde paré a comer. La cala es sencillamente perfecta. Solo resulta accesible por tierra a través de un sendero que llega desde la Azohía, lo que hace de ella un sitio apacible y tranquilo, como en general todo el Parque (y ojalá que dure así mucho tiempo).



Cala Abierta, que se sitúa justo a la espalda de Cerrada

Después de la sobremesa volví al kayak y pronto entré en la Bahía de Mazarrón. Como quería llegar más allá de la Punta de Calnegre pero no tenía muchas horas de luz, opté por navegar en línea recta desde las inmediaciones de la Punta de la Azohía hasta Calnegre. Fueron unas tres horas de paleo constante para recorrer los algo más de 20 kilómetros que me separaban de esa punta. Al pasarla, y ya casi de noche tuve que buscar una cala donde poder pasar la noche. 


Me desperté pronto para iniciar lo antes posible mi última etapa de la travesía. La idea era llegar a mediodía al puerto de Águilas, y así poder recoger todo rápido y tomar el autobús para estar en la estación de Murcia a la hora de comer o poco más tarde. El recorrido hasta Águilas fue rápido y sin demasiada historia. Me entretuve en Cabo Cope solamente, y el resto navegué al ritmo más veloz que pude, cumpliendo así mi objetivo de llegar al puerto antes de mediodía. 

Águilas y su castillo en lo alto del peñón.
La recogida se dio bien, y también cumplí con la segunda parte del plan; eran algo más de las 4 y ya estaba en la estación de autobuses de Murcia. Ahora tenía que decidir entre volver en el autocar que salía a las 5 de la tarde hacia Madrid, o ver el clásico Barcelona - Real Madrid, y coger luego el bus de las 23 que llegaba a Madrid a las 5 de la madrugada. La idea de llegar pronto a casa y poder dormir en mi cama y ver a mi gente era muy tentadora, pero como soy un enfermo del fútbol opté por ver el partido que era justo a las 5. Pero la fortuna no me quiso deparar una gran victoria blanca en recompensa al esfuerzo de los días previos, y en su lugar asistí a una injusta derrota del Madrid aderezada con 2 penaltis birlados por el árbitro. Menos mal que al llegar a casa aún pude dormir unas horas en casa con mi Lour, que eso logra quitarme todas las penas.