martes, 5 de noviembre de 2013

Etapa 8. Punta Galera - Cala Saladeta (1,5 km) y Etapa 9. Cala Saladeta - Es Portitxol - Port san Miquel - Cala Xuclá (39 km)


Etapa 8


Al despertar y salir de debajo de la lona compruebo que ha llovido bastante. Afortunadamente, la lona ha hecho su trabajo y mi saco, mi esterilla y yo mismo estamos secos. Esta mañana mientras desayuno, tengo que analizar la situación y tomar una decisión sobre qué voy a hacer hoy. La situación es simple, desde mi posición tengo por delante aproximadamente 20 kilómetros de acantilados sin casi ninguna escapatoria a tierra. Es posiblemente el tramo más espectacular de toda la costa de Ibiza pero también el que mayor riesgo puede entrañar. El parte de la meteo es realmente malo, y hace considerar seriamente la posibilidad de no salir a navegar, sobre todo teniendo en cuenta que la situación del tiempo mejora mucho para mañana. Después de desayunar, para intentar clarificar el tema un poco más, subo al acantilado de la Punta Galera, desde donde se ve cercana la cala Salada, desde allí hasta llegar a Es Portitxol todo son acantilados. Aquí en lo alto de Punta Galera lo que se percibe es viento y oleaje crecientes, así que por fin decido quedarme en tierra. Prefiero esperar un día y pasar por este tramo como se merece,  paleando bien pegado a los acantilados, pudiéndome detener en cada cueva y formación rocosa, antes que verme obligado a hacer ese mismo recorrido con prisa y separado de la costa.

Decidido ya el plan, durante el día me dedico a caminar por los acantilados -en sentido sur esta vez-, leer, bucear y repasar lo visto hasta ahora. Con estas actividades el día resulta entretenido, aunque sin un remo entre manos noto que algo me falta. A la tarde, las ganas de kayak me vencen y decido entrar al agua para ver cómo está la cosa, pero también con intención de trasladar el campamento a la vecina cala Salada. No he salido aún del todo del resguardo de Punta Galera y ya noto la cosa más movida de lo deseable. Sin haber recorrido mucho más de una milla, sólo puedo ratificarme en la decisión tomada por la mañana, la cosa no está para palear en solitario más de 3 horas de acantilados. Ya cerca de la cala Salada veo que es mejor opción para pasar la noche la playa algo más pequeña que hay a su lado, cuyo nombre me dicen luego que es Saladeta. Aquí no hay chiringuito aunque sí bastante gente y animación. En cuanto la sombra cubre la playa la gente empieza a desfilar. Al final sólo quedamos un chico de Sevilla que trabaja por allí vendiendo bebidas y yo. La conversación resulta amena y se queda a cenar conmigo, cuando se marcha preparo mi cama y duermo.

Etapa 9


Me levanto casi de noche, el sol aún no ha asomado y apenas ha comenzado a clarear el cielo. Desayuno rápido, desmonto el campamento y cargo el kayak. A las 8:30 ya estoy saliendo de cala Saladeta y comienza la que va a ser una de las jornadas más espectaculares de toda la travesía. La primera parte de la ruta discurre dirección norte, hasta sobrepasar el cabo Nunó. Desde aquí se recorta la costa ibicenca hacia el noreste en una sucesión de puntas y bahías. Durante algo más de una hora, pongamos que hasta llegar a las pequeñas islas de ses Margalides, voy bastante centrado en avanzar, sin acercarme demasiado a las paredes del acantilado. No quiero exponerme a un cambio del tiempo y prefiero quitarme unos cuantos kilómetros antes de que se forme la mar del todo. Aunque no me acerque demasiado, los escarpes de roca son impresionantes también desde unos metros de distancia.




Una vez que llego a Ses Margalides relajo el ritmo y empiezo a pegarme más a la costa. Me habían comentado que el islote principal tiene un arco bajo el cual puede cruzarse, aunque al pasar a cierta distancia no lo aprecio.

Ses Margalides
Desde aquí hasta mi primera parada del día en la cala de Es Portitxol el entorno es perfecto. Ante mis ojos se suceden acantilados imponentes llenos de pinos, salientes rocosos de formas imposibles, arcos naturales entre la roca y alguna cueva.









El broche perfecto para esta parte de la ruta llega al divisar la pequeña bahía que da cabida a la cala de Es Portitxol. Aquí paro, tras algo más de 3 horas en el kayak, me doy un refrescante baño y tomo unos frutos secos.

La bahía es tan pequeña y cerrada, que si no estás atento pasas de largo la cala


Tras la parada en Es Portitxol reanudo el camino con gran entusiasmo. A los pocos minutos me cruzo con un grupo de escaladores.


Ya cerca de Port san Miquel me entretengo en hacer algunas fotos, aprovechando la perfecta combinación de colores que ofrecen cielo, roca y mar.






En Port San Miguel decido parar a comer en una cala que hay en la illa Murada. Por lo que me cuentan este islote, unido a tierra por la cala donde desembarco, es propiedad de un multimillonario ruso que ha mandado construir en él una mansión con helipuerto que ostenta el dudoso honor de ser la más lujosa de la isla. El chiringuito de esta cala, un negocio familiar, me da la ocasión de disfrutar una orgía carnívora. Además la familia que lo regenta son muy buena gente, así que la sobremesa se alarga con un par de gin tonics.

Viva el cerdo!!
No retomo la marcha hasta las seis, y lo hago con bastante pachorra. Voy haciendo camino con calma y sucesivamente voy dejando atrás la playa de Benirrás, el islote d'en Calders y la cala Es Canaret hasta llegar a mi destino de hoy, la bahía entre la punta de Xarraca y la punta Mares. La recorro detenidamente buscando el mejor punto para terminar la jornada. Descarto cala Xarraca, demasiado urbanizada, y me decanto por una más pequeña y recogida, cala Xuclá. Al llegar a ésta, anda por allí un chico japonés que me ayuda a sacar el kayak a tierra. En la cala hay un chiringuito al que no le falta mucho para cerrar, ya que no hay nadie en la playa y ya es tarde. Pero antes del cierre nos da tiempo a mi compadre japonés y a servidor a bebernos un par de cervezas y observar la puesta de sol.

El japonés se dedica a dar masajes por las playas para costearse su estancia en la isla


Antes de que marchen los dueños del chiringuito pregunto si hay problema en que duerma allí, a lo que no objetan nada. Cumplo con mi protocolo diario: cena, esterilla, saco, algo de lectura y a dormir.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Etapa 7. Cala Codolar - Playa Bassa - Punta Galera (16 km)


Hoy el desayuno toca tomarlo sentado a la mesa, mirando el mar y valorando cómo se presenta la jornada.


La meteo parece empeorar para el día de hoy, con previsión de viento del oeste que desde mediodía soplará con fuerza 5 a 6, y con fuerte marejada generalizada. Las primeras horas de la mañana, sin embargo, son bastante tranquilas. Recorro sin mayores problemas el tramo inicial de mi ruta, hasta pasar la Illa s'Espartar y divisar nítidamente las islas del Bosque y Conejera.

La isla del Bosque, en primer término, tapa casi por completo a la más grande Conejera a su espalda
La isla Conejera vista desde una cueva en la zona de Cala Conta
Ya muy cerca de la punta de Sa Torre las ráfagas de viento comienzan a sentirse fuertes, aunque el mar continúa calmo.


Pasada la punta, los bajos acantilados rocosos cuentan numerosas cuevas. Una de ellas tiene tres arcos de entrada y destaca por su profundidad.



La primera parada de la mañana la realizo en la turística Cala Bassa, que aún no tiene el aforo demasiado completo y me depara un baño magnífico.


A partir de aquí creo que cometo un error, probablemente por exceso de confianza. Saliendo de Cala Bassa se entra prácticamente en la bahía de Sant Antoni. Hasta ahora las puntas que he ido doblando, siempre desplazándome dirección este, me han mantenido bastante a resguardo del viento de poniente, lo cual me entrega una perspectiva irreal de la situación de viento y mar. Por otro lado, llego a este punto con la idea de trazar una línea recta bastante mar adentro a través de la bahía de Sant Antoni tratando de evitar la navegación por esta zona, demasiado urbanizada y sin mayor interés, y además con bastante tráfico de embarcaciones a motor. A pesar del parte meteorológico, basándome en la falsa tranquilidad que he percibido en lo que va de mañana, mantengo ese plan. Así las cosas, al poco de abandonar Cala Bassa apunto mi proa hacia mar abierto en dirección noreste. A la media hora más o menos el viento arrecia y la mar se pone bastante nerviosa, y durante la siguiente hora la cosa aún empeora, así que paso un rato duro hasta que por fin encuentro el primer punto que me da resguardo del viento de poniente al otro lado de la bahía, la punta Galera. Al sobrepasar ésta, y ya en zona tranquila, desembarco en una pequeña cala.

La tranquila cala que me sirve de escape al viento y el oleaje

El Triton Ladoga reposa al pie de una caseta en la cala Galera
Como viento y oleaje van en aumento, y lo que queda en adelante son acantilados prácticamente hasta llegar a Port San Miguel, decido dar por terminada en esta cala la jornada de hoy. Durante la tarde recorro los acantilados por el sendero que discurre entre ellos, y me detengo a ver el atardecer.
Un curioso mural anuncia al visitante donde nos encontramos
Al atardecer vuelve la calma. En dirección norte se levantan acantilados durante bastantes kilómetros
Se oculta el sol en el horizonte y es hora de volver a la cala donde está mi kayak
De regreso a la cala de punta Galera consulto en el móvil la previsión del tiempo para mañana, que se presenta incluso peor, ceno y decido dormir sin tienda ni vivac en el tejado de una caseta de pescadores. La jugada no me sale del todo bien, pues a mitad de la noche empieza a llover y el aguacero me pilla desprotegido. Improviso un toldo con la lona de rafia que uso de aislante, y aunque no consigo una gran obra de ingeniería, el invento resulta suficiente para no calarme y poder continuar durmiendo y seco.

Etapa 6. Cap Negret - Cala Vadella - Cala Codolar (23 km)


Hoy me levanto tan descansado o más que ayer, sin mosquitos en toda la noche, el suelo mullido de hojas de pino y una temperatura fantástica, la perspectiva solo puede ser buena.


El paisaje sigue estando salpicado de villas costeras, algunas de ellas parecen muy lujosas.


Pero las villas dejan paso en alguna ocasión a pequeñas calas con casetas de pescadores, que dan una imagen mucho más típica y agradable.


Lo que siempre se mantiene es la verde espesura de pinos, que crecen en cada resquicio que da la roca.


Tras sobrepasar el Cap Llentrisca aparece imponente el pico de es Vedrá, en el islote homónimo, que se eleva hasta los casi 400 metros.


Realizo mi primera parada del día en Cala d'Hort, desde donde la perspectiva del islote es esplendida. En esta cala hay varios restaurantes a pie de playa, con unas vistas excelentes, así que aprovecho la ocasión para sentarme y tomar una cerveza bien fría. Pregunto también si en las cercanias hay algún supermercado y me informan que a pocas millas de aquí, en Cala Vadella, hay supermercados a escasos metros de la playa.

Cala d'Hort y Es Vedrá al fondo
Me dirijo entonces hasta Cala Vadella, donde esperan al visitante una pequeña bahía cerrada y una playa urbana de aguas tranquilas. Nada más desembarcar se acerca el socorrista de la playa, un chico portugués bastante parlanchín. Me pregunta por la ruta que estoy realizando y por el kayak plegable, pues él está interesado en comprar uno y le parece una buena opción. La charla se alarga, así que decido hacer aquí la parada para comer. Antes de comer, eso sí, compro alimentos y agua en cantidad suficiente para poder terminar la travesía.

El vigilante de la playa de Cala Vadella, un buen tipo
Después de comer y descansar un rato continúo la marcha. La zona que recorro ahora alterna acantilados bajos y calas urbanizadas. Algunos rincones son bastante espectaculares, con pequeñas cuevas, canales estrechos que explorar y minúsculas calas entre las rocas.

Saliendo de un canal entre dos puntas rocosas diviso al fondo la Illa s'Espartar
Las pequeñas cuevas abundan. En ésta se filtra el agua desde el techo y al pasar por debajo la ducha de agua fría se agradece
Una pequeñísima cala, que bien merecería una parada y un baño
Al final del día se está levantando bastante viento y el cielo se nubla con cierta amenaza de lluvia, así que me dedico ya a ubicar algún sitio donde terminar la jornada. De acuerdo con la información del amigo socorrista hay una cala pequeña, con un chiringuito pero bastante discreta, antes de llegar a Cala Conta y a la Punta de sa Torre, se la conoce como Cala Codolar. Al llegar allí, en principio no me parece tan buena opción. Es pequeña y no hay mucha gente, pero en el chiringuito que preside la playa hay bastantes parroquianos aún y no parecen muy propensos a una pronta retirada. Además en lo alto de las lomas de alrededor asoman las casas de las urbanizaciones colindantes. De todas maneras, me dirijo al chiringuito, pido una cerveza y pregunto a la gente de allí por algún lugar donde poder acampar y pasar la noche tranquilo. El dueño del chiringuito y su hijo resultan ser dos tíos excelentes, me dicen que puedo quedarme allí sin problema, coger una tumbona de las suyas para estar más cómodo y que por la noche aquello queda desierto. El padre es un hombre de mar, y mapa en mano me da numerosas indicaciones de todo lo que voy a encontrar en la costa ibicenca en los días siguientes, y también me informa del parte de viento y oleaje. Ya de noche, pero no tarde, los dos dejan el chiringuito y quedo solo en la playa. Ceno algo de pasta sentado en una de las mesas que tienen allí, coloco mi tumbona debajo del tejadillo del bar y duermo. Por la noche cae un chaparrón corto pero intenso, y se agradece la suerte de poder pasar la noche bajo techo.